Un grupo del CAB y CUBA en el Domuyo

Relato de la Expedición al Domuyo 2019

Cumbre Domuyo
Cumbre Domuyo: CAB & CUBA juntos. Nos une la montaña!

 

El viernes 15 de noviembre temprano por la mañana salimos desde Chos Malal hacia Varvarco para reunirnos con el Equipo de Club Andino Bariloche (CAB). La noche anterior nos habíamos encontrado los socios de CUBA Pablo Oribe, Adrián Ripoll, Manuel López Llovet, Carlos Menéndez, Pablo Menéndez y su hijo Francisco (que fue como invitado) en el hotel, y habíamos cenado junto con Iván Bonacalza, Director de la Escuela de Esquí y Andinismo de CUBA.
 
Luego de registrarnos en la Oficina de Informes Turísticos, nos reunimos los 17 integrantes de la expedición (al grupo de CUBA se agregaron 8 participantes del CAB, Iván y los guías Ariel y Tobías). Iván nos comentó en forma detallada el programa para los próximos días: debido a un pronóstico de vientos fuertes y frío, el plan era realizar el intento de cumbre el día lunes. Luego de una foto grupal, salimos rumbo al área del Domuyo.
 
En la ruta nos detuvimos en el Cajón del Atreuco y en el puente del Río Covunco, donde nos demoró un rodeo de vacas con sus terneros tratando de cruzar el río. Había muchos otros paisajes que merecían dedicarles más tiempo, pero seguimos rumbo a Los Tachos, llegando cerca de las 13.00.
 
Fuimos hasta el área de geiseres. Algunos nos atrevimos a una zambullida antes de comer una picada y luego encarar un mini trekking en ascenso, llegando a una pampa con una asombrosa vista panorámica. Por la tarde pasamos por Aguas Calientes, donde visitamos sus piletones de aguas termales. Y finalizamos el día armando campamento en un puesto cerca del Playón de estacionamiento del Domuyo. Algunos participantes del grupo decidieron acompañar a Iván y a los guías, vivaqueando en el lugar!
 
El sábado 14 nos dirigimos al playón del Domuyo. Luego de ordenar las mochilas, partimos aproximadamente a las 10.30. El camino de aproximación al campo base es un entretenido trekking, moderadamente ascendente, y con un paisaje cambiante, donde se destacan las lagunas de distintos colores (celeste, turquesa, verde intenso) que se forman bajo los nevés. Tras algo más de 3 horas de caminata, llegamos al destino: el campo base estaba rodeado de dos áreas de hielo; una de estas desagotaba en una laguna celeste con un tempano plano, que separaba el campo base en dos partes. Por un lado estaba el domo, recientemente construido; enfrente estaba una zona de pircas, donde nosotros armamos nuestras carpas, con una razonable protección contra un viento fortísimo. A pesar del cansancio de la caminata con las mochilas a tope, nos era imposible dejar de conocer la belleza de ese lugar!
 
El domingo 15 fue un día clave para aclimatarnos y prepararnos para el ascenso. Para estar bien descansados, nos recomendaron dormir bien y cuidar mucho la hidratación y la alimentación. Preparamos las mochilas con una carga liviana, y a las 11.00 iniciamos la caminata de aclimatación. Subimos por un zig-zag demoledor en su parte inicial, rodeando la loma que cae sobre el campo base por la derecha. Tras varias paradas, llegamos al filo de 3.500 msnm, donde se inicia el trayecto hacia el campamento de altura.
 

Estaba todavía muy ventoso para avanzar; había sido correcta la decisión de dejar para el lunes el intento de cumbre. Luego hicimos una travesía hacia la izquierda, para visualizar el área de acampe de altura y la zona del col o paso. En ese sitio aprovechamos para descansar un buen rato, con una siesta de un par de minutos incluida. Tobías nos controló a algunos participantes la frecuencia cardíaca y el nivel de oxigenación, para estar al tanto de cómo nuestro organismo reaccionaba a la altura. La bajada fue a un ritmo intenso, muy entretenida, por una zona de piedras sueltas y tramos de hielo que permitían un descenso rápido y controlado. En el horizonte, hacia el oeste, para coronar un paisaje sublime, se veía la nube de cenizas de un volcán activo, probablemente el Chillán.
 
El resto del día lo dedicamos a preparar la subida. Había que calibrar los crampones y definir exactamente qué íbamos a llevar de ropa y de abrigo. Esa noche cenamos en el domo, todo un lujo para nuestra austera tropa, ya entonces acostumbrada a los platos de polenta y fideos deshidratados. Nos permitimos una sobremesa cubriendo varios temas (donde no faltaron bromas de estilo). Encontramos muchas coincidencias entre los clubes. Realmente nos estábamos llevando muy bien los 17, se había desarrollado una interesante camaradería de montaña.
 
El lunes 18 fue, por lejos, el día más intenso de la expedición. Había que despertarse a las 2.30 para desayunar en el domo a las 3.00 y estar en condiciones de subir a las 4.00. Previo a la salida, Iván nos dio una charla muy concreta: esta salida de montaña no era ningún chiste; nos pidió ser responsables y sinceros respecto de cómo nos encontrábamos, para no colapsar en una zona de peligro. Su mensaje fue corto y claro.
 
Iniciamos el zig-zag con un paso intenso. Luego de unos minutos, entramos en calor y algunos tuvimos que desabrigarnos. En una segunda parada, mientas descansábamos, avistamos un conjunto de puntos luminosos en el cielo perfectamente alineados. Fue una experiencia extraordinaria, especialmente por poder ver “eso” ahí, a casi 3.400 msnm, en una noche totalmente estrellada. ¿De qué se trataba? Las más disparatadas teorías conspirativa surgieron en segundos. Más tarde nos enteramos que era un lanzamiento de un conjunto de satélites de la firma Space X. Fue emocionante presenciarlo justamente allí, en el Domuyo.
 

Seguimos ascendiendo, esta vez a un paso rítmico, un poco más pausado, para evitar que la fila india se alargue. Nos enteramos que dos integrantes tuvieron que volver a la base por sentirse mal en este primer tramo. Continuamos la marcha llegando al filo de 3.500 msnm a las 6.00. Apagamos las linternas y nos abrigamos, ya que la temperatura descendía. Seguimos hasta el campamento de altura, y luego una tercera parada en el área denominada Piedras Amarillas, para trepar por un rumbo marcado por una loma de piedras, que serpenteaba hacia la izquierda y hacia arriba, hasta alcanzar el col, a una altitud de 4.000 msnm. Llegamos a las 9.00 aproximadamente. En el próximo tramo había que empezar a usar los crampones. Algunos estábamos exhaustos y decidimos regresar.
 
El resto, luego de un descanso de algo menos de 30 minutos inició el ascenso. En primer lugar por un sector de piedra suelta con una intensa pendiente, para luego atravesar un sector denominado “rampita” por su fuerte inclinación, llegando a los 4.400 msnm. A esa altura el cansancio acumulado era agotador, pero con una sola excepción, todos los que atravesaron el col pudieron avanzar hasta la cumbre, llegando aproximadamente a las 13.30. Se sucedieron abrazos y fotos, teñidos con una fuerte emoción.
 
Este relato estaría incompleto si no mencionara nuestra enorme gratitud hacia Iván y el inque- brantable equipo de guías que formaron Tobías y Ariel. Tampoco podemos dejar de mencionar el inmenso apoyo y complementación que se dio con cada uno de los participantes del CAB, y particularmente a su líder formal y espiritual, Jorge Mroz, Gerente General del CAB, quien junto con Conrado, Paula y Anto alcanzaron la cumbre el pasado lunes 18 de noviembre. El mismo apoyo y compañerismo también lo sentimos del resto de los integrantes del CAB: Laura, Rosa, Ernesto y Alberto, con quienes quedamos extraordinariamente agradecidos.
 
Nuestras felicitaciones a los socios de CUBA Adrián Ripoll y Manuel López Llovet, y a Fran Menéndez que en su primer intento lograron, junto con los 4 integrantes del CAB mencionados previamente, llegar a los 4.709 metros del Domuyo. Es emocionante ver flamear las banderas de CAB y CUBA juntas, sobre la cruz sostenida por piedras que marca el punto más alto de la Patagonia.
 
Carlos A. Menéndez

 

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